Hacia la III República

Carlos Reviejo

Se han cumplido 81 años del advenimiento de aquella 2ª República, recibida con entusiasmo y esperanza por el pueblo español, que se echó a las calles entre banderas y canciones para celebrarlo, porque después de años de caciquismo, falta de libertades y postergación de de la clase trabajadora, se adivinaba un sendero que podía llevar a España y a los españoles a liberarse de las cadenas que le habían tenido amordazado.
Poco duró esa andadura. Fue corto el camino recorrido.
Cinco años más tarde, después del Bienio Negro y gobierno de las fuerzas inmovilistas y retrógradas, de aquel 14 de abril de 1931, sin darle tiempo a cumplir las expectativas despertadas, la República fue abortada, por la intolerancia, la intransigencia y el fanatismo de aquellos que no podían permitir los limpios vientos de progreso, modernidad y democracia que el pueblo se había dado así mismo, sin tutelas de los poderosos, de los militares y de la iglesia. Intolerancia, intransigencia y fanatismo que nos llevarían a una cruenta guerra y a la posterior larga y triste noche del franquismo.
Hoy, cuando los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos y ciudadanas, en general, se atropellan y eliminan, cuando se desprestigia y desprotege la Enseñanza y la Sanidad Públicas y gratuitas y se pretende reducirlas a la Beneficencia Pública, cuando se atenta contra el derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad, cuando se trata de desprestigiar a los Sindicatos, cuestionando su papel y su vigencia y se amenaza con una Ley de Huelga, cuando se reduce y recorta las asignaciones a la cultura y la investigación, cuando, cada vez más, se vulnera la laicidad del Estado y la Iglesia interfiere en los asuntos de carácter político, cuando, en definitiva, se recortan las libertades, cuando se trata de criminalizar la libertad de expresión, cuando se permite que miles de republicanos que fueron asesinados permanezcan en las cunetas y eriales y en las calles de pueblos y ciudades se siga homenajeando, con calles y símbolos, a Franco y su dictadura cuando se devalúa la democracia y se quiere reducir a los ciudadanos a la categoría de zombis votantes cada cuatro años, hoy, decía, es más necesario que nunca volver nuestros ojos hacia la instauración de la República.

Cómo no añorar aquella 2ª República, aún con sus muchas carencias, con sus luces y sombras. Sin nostalgia, pero también con ella, rememoremos ése primer artículo de su Constitución:
“España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.

Y como no recordar el revolucionario, entonces y ahora, afán de llevar la cultura y el conocimiento hasta los últimos rincones de España, a través de la construcción de miles de escuelas y bibliotecas y de aquellos hermosos proyectos de las Misiones Pedagógicas y de la Barraca lorquiana, que llevaban el teatro y el cine hasta pueblos y aldeas perdidas.
Fue la 2ª República la que, por fin, en el Bienio Progresista de 1931 a 1933, consagró el voto de la mujer, la que reflejó en su Constitución el carácter laico del Estado, la que quiso convertir en propietarios a los braceros, con la Reforma Agraria, la que acometió la reforma militar, combatió la corrupción…

La intransigencia de entonces, que hoy está aflorando dentro del Gobierno actual, no hizo posible que se pudieran alcanzar los objetivos de aquella incipiente Democracia, que desde un principio, fue obstaculizada y cuestionada por las fuerzas reaccionarias, pero que fue un atisbo de lo que pudo ser.

Hoy, cuando esas fuerzas oscuras, en un torbellino sin sentido, que nos está llevando a un abismo sin fondo, pretenden desbaratar todas las conquistas conseguidas tras tantos años de luchas y adelgazar tanto el poder del Estado, para convertirlo en un títere en sus manos, y cuando todo se sacrifica en el santo altar de los mercados, ha llegado la hora de decir basta.
Ante la crítica situación en la que se encuentra el país, nos damos cuenta de que ésta no podrá ser resuelta desde la Monarquía, piedra que obstaculiza la verdadera Democracia. Nadie puede dudar de que la República es la forma más democrática, y que abre una ventana a la esperanza y a la libertad real. Es un anacronismo, que a estas alturas, ya en el siglo XXI, la Jefatura del Estado sea hereditaria. Es hora ya de comenzar el camino de la pedagogía para hacer llegar a los ciudadanos y ciudadanas de este país, que hay la esperanza de una sociedad mejor y más justa y que eso no se podrá alcanzar, en su plenitud, sino es mediante la proclamación de la República, la Tercera República.

Esperemos que, mas pronto que tarde, esa bandera tricolor que hoy enarbolamos ondee en los balcones de ayuntamientos y organismos oficiales y sea la bandera de todos y cada uno de los españoles.
¡Hacia la III la República!

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